Samuel: escuchar a Dios y obedecer desde pequeño

Hermanos,

Esta semana hemos estudiado la vida de Samuel.

Samuel se distingue de muchos de los otros hombres de los que hemos hablado porque no alcanzó su posición gracias a una fuerza, un estatus o un poder evidentes.

Ascendió gracias a su obediencia.

Su vida nos plantea una pregunta sencilla, pero profunda.

¿De verdad estoy escuchando a Dios, o simplemente estoy viviendo a mi manera?

La idea central del estudio de esta semana quedó clara.

No me limito a creer en Dios.

Aprendo a escucharle y a obedecerle.

A continuación se ofrece un resumen de los pasajes y las lecciones de nuestro estudio.

Samuel: escuchar a Dios y obedecer desde pequeño

1. Un hombre entregado a Dios

1 Samuel 1:9-11

Hannah reza con fervor para tener un hijo y hace el voto de consagrarlo al Señor.

Más tarde:

1 Samuel 1:27-28

«Por este niño recé… por eso se lo he entregado al Señor».

La vida de Samuel comienza con la rendición.

Antes incluso de comprender cuál es su vocación, ya ha sido entregado a Dios. Su vida comienza bajo la realidad de que pertenece a Dios antes que a sí mismo.

Eso es importante porque determina cómo debemos plantearnos nuestras propias vidas.

No nos hemos hecho a nosotros mismos.

No somos una empresa de propiedad privada.

Somos responsables ante Dios.

La historia de Samuel comienza con la entrega, y ahí es donde también comienza una vida piadosa.

2. Aprender a escuchar a Dios

1 Samuel 3:1-10

Dios llama a Samuel por la noche.

Al principio, Samuel no reconoce la voz del Señor. Cree que es Elí quien le llama y corre hacia él una y otra vez.

Al final, Eli se da cuenta de lo que está pasando y le dice a Samuel cómo debe reaccionar:

«Habla, Señor, que tu siervo te escucha».

Este momento nos enseña una lección importante.

Escuchar a Dios es algo que se aprende.

Samuel no reconoció la voz de Dios de inmediato. Hubo que enseñarle a responder con humildad y disposición.

Para escuchar a Dios es necesario:

  • humildad

  • quietud

  • atención

  • disposición a responder

Muchas personas desean recibir orientación de Dios, aunque viven rodeadas de ruido constante, distracciones y una vida en la que se guían por sí mismas.

El ejemplo de Samuel nos recuerda que escuchar a Dios no es algo fortuito. Requiere una actitud de entrega.

Un hombre debe preguntarse con sinceridad:

¿Me estoy preparando para escuchar a Dios, o estoy demasiado distraído como para reconocer su voz?

3. La obediencia cuando resulta incómoda

1 Samuel 3:11-18

Después de que Samuel recibe noticias de Dios, el mensaje que le llega no es fácil.

Dios le transmite un mensaje de juicio sobre la casa de Elí.

Samuel tiene miedo de decírselo.

Pero sí que lo hace.

Este es uno de los momentos más importantes de la vida de Samuel, porque demuestra que escuchar la voz de Dios no basta por sí solo.

Lo que importa es la obediencia.

Samuel tuvo que comunicar una verdad difícil precisamente al hombre que le había enseñado y guiado. No debió de ser nada fácil, pero no ocultó el mensaje.

Aquí es donde la obediencia se hace realidad.

Es fácil decir que seguimos a Dios cuando sus indicaciones nos resultan cómodas o convenientes.

Es más difícil cuando la obediencia implica tensión, incomodidad o el riesgo de ser rechazado.

Un hombre debe preguntarse:

Cuando Dios habla, ¿le obedezco plenamente o me muestro reticente?

4. Coherencia a lo largo del tiempo

1 Samuel 3:19-21

«El Señor estaba con él y no dejó que ninguna de sus palabras cayera en saco roto».

Samuel no se hizo famoso por un acto dramático, sino por una vida de obediencia constante.

Esta es una de las lecciones más importantes que nos deja su vida.

Samuel no se ganó la confianza de nadie por un solo momento heroico.

Se ganó la confianza de la gente porque se mantuvo coherente.

Sus palabras tenían peso porque su vida se caracterizaba por la coherencia.

Ese principio sigue vigente hoy en día.

La coherencia genera credibilidad.

Un hombre que solo se muestra fiel en momentos de emoción o en momentos puntuales de euforia no podrá construir una vida estable. Un hombre que sigue siendo obediente con el paso del tiempo se convierte en alguien digno de confianza.

La vida de Samuel se caracterizó por una obediencia constante, lo que, con el paso del tiempo, dejó claro que Dios estaba con él.

5. Liderar y decir la verdad

1 Samuel 8:6-9

El pueblo exige un rey para poder ser como las demás naciones.

Samuel les advierte, pero no le hacen caso.

Esta parte de la historia nos enseña una verdad importante sobre el liderazgo.

El liderazgo no implica que la gente te escuche siempre.

El liderazgo consiste en decir la verdad pase lo que pase.

Samuel no modificó el mensaje porque la gente lo rechazara. Se mantuvo fiel a lo que Dios había dicho.

Eso es fundamental para los hombres de hoy en día.

Un hombre no puede medir la obediencia por la reacción de los demás. Debe medirla por la fidelidad a Dios.

La pregunta no siempre es: «¿A la gente le gustará esto?».

A menudo, la verdadera pregunta es: «¿Seguiré defendiendo la verdad aunque ellos no lo hagan?».

6. Terminar con integridad

1 Samuel 12:1-5

Más adelante en su vida, Samuel reflexiona públicamente sobre su liderazgo. Pregunta al pueblo si les ha hecho algún agravio, si les ha explotado o si les ha quitado algo de forma deshonesta.

Su respuesta es clara.

No lo había hecho.

Samuel termina sin cometer faltas.

Este es uno de los finales más impactantes de todos los hombres que hemos estudiado hasta ahora. Su integridad no se basaba en un momento concreto, sino que quedó demostrada a lo largo del tiempo.

Ese es el objetivo de una vida piadosa.

No basta con empezar con pasión.

No se trata solo de tener momentos aislados de obediencia.

Pero para terminar con integridad.

La vida de Samuel nos recuerda que el objetivo no es simplemente empezar con buen pie.

Es un acabado fiel.

Preguntas para la reflexión

Esta semana, tómate un tiempo para reflexionar con sinceridad sobre estas preguntas:

1. ¿Estoy realmente a la escucha de Dios, o simplemente vivo de forma reactiva?

2. ¿Qué distracciones me impiden escucharle con claridad?

3. Cuando Dios habla, ¿le obedezco incluso cuando me resulta incómodo?

4. ¿Vivo de forma coherente o solo en momentos aislados?

Reflexión final

Samuel no lideraba mediante la fuerza.

Lideró mediante la obediencia.

Oyó a Dios.

Obedeció a Dios.

Se mantuvo constante a lo largo del tiempo.

Su vida nos recuerda que un hombre decidido escucha con atención, obedece sin reservas y vive de forma coherente ante Dios.

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